Historia

En Valdemoro todo es posible

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En Disneyland París hay una (poco conocida) atracción con el lema Au cinéma, tout est posible. En el baloncesto, como en el cine, también puede suceder cualquier cosa. Por ejemplo, un partido puede darse la vuelta en apenas un minuto. Pero en Valdemoro esa frase adquiere todavía más sentido. ¿Puede un equipo de pueblo codearse con los clubs más prestigiosos de la Comunidad de Madrid? Sí. ¿Puede ese mismo equipo partir de cero y, en una década, llegar hasta la élite nacional? También.

El Villa de Valdemoro nació con un boom (deportivo) y ha vivido sus peores momentos con dos cracks (económicos). Los orígenes del club se remontan a los años 70, cuando Valdemoro era un municipio partido en dos por la carretera de Andalucía y de apenas 6.000 habitantes, muy lejos de los 63.000 de la actualidad. Los primeros aficionados al básquet, que jugaban contra otros pueblos cercanos o en ligas de aficionados, lo tenían difícil porque en todo el municipio solo había dos canchas, una en la Escuela Profesional y otra en un colegio religioso regentado por monjas y utilizada casi exclusivamente por niñas.

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Los primeros jugadores del club se preparan para un partido. Años 70

En aquellos pioneros estaba Carlos Barajas, futuro alma mater del club (en los últimos 27 años ha sido jugador, entrenador y director técnico) quien recuerda su marcha a Aranjuez para estudiar: “Cuando llegué al instituto Santiago Apóstol, en el año 1981, y vi un patio con canastas de baloncesto por todos los lados pensé que eso era como lo que nos habían contado de Estados Unidos, porque en Valdemoro no había absolutamente nada”.

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Carlos Barajas(primero de pie por la izquierda), con el equipo que militó en Segunda Nacional en el que estaban, entre otros, PAco Cano (de pie a al derecha) y Jorge Tovar(segundo por la izquierda agachado)

 

Pero el boom de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles’84, aquellos de Corbalán, Epi, Fernando Martín… y un universitario llamado Michael Jordan, llegó hasta Valdemoro con una fuerza arrolladora. “Fue el gran motor del baloncesto aquí y en toda España. Ahora estamos muy contagiados y empapados de Gasol y compañía, pero no tiene ni comparación. Ahora se puede trabajar o ilusionar sobre una base, pero antes no había nada detrás. La gente ni siquiera veía el baloncesto por la tele”, explica Carlos. Gracias a la plata olímpica de la selección dirigida por Antonio Díaz-Miguel, “se produjo una eclosión, una fiebre, sobre todo en los niños. El baloncesto enganchó a la gente y se puso a la altura del fútbol. Siempre teniendo presentes a los viejos rockeros de los setenta, se puede decir que el baloncesto con equipos organizados y entrenadores titulados surgió en Valdemoro en 1984”.

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Esos primeros equipos jugaban en una cancha al aire libre, en el polideportivo. En la segunda mitad de la década, se construye el primer pabellón cubierto: el Paseo del Prado. De origen cuando menos curioso: “La multinacional Johnson se instala aquí y, en compensación, hace un pabellón. Sencillo, funcional, como los de los colegios, pero que fue nuestro primer pabellón cubierto”.

Y en ese modesto escenario, el Villa de Valdemoro comienza su irresistible ascenso. Carlos Barajas da las claves: “El equipo bandera del club, el senior, era un conjunto de barrio, con cuatro chavales del pueblo. Pero era como una botella de champán descorchada, solo fuerza. “Si le planteabas a alguien que viniera a jugar, te respondía: a Valde… ¿qué?” Entonces vino Ángel Martín, un entrenador superior, y trajo la coherencia. Gracias a esa unión, en siete años llegamos a la élite del baloncesto madrileño”. En la temporada 1992-93, llegó el primer hito deportivo en la historia del club: el ascenso a Segunda Nacional. “Subimos con el San Patricio, el Canoe y el Torrejón. Entre futuras leyendas del baloncesto madrileño estábamos nosotros, un pueblito llamado Valdemoro”.

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En la campaña 1993-94, Carlos Barajas, que dirigía el senior femenino, sustituye a Ángel Martín y se convierte en el entrenador del primer equipo masculino, un conjunto formado en gran mayoría por valdemoreños que empezaba a poner su localidad en el mapa. “Al principio, que viniera gente de fuera esa inviable. Además de la distancia de Madrid [27 kilómetros], si lo planteabas te respondían: a Valde… ¿qué? Después, según íbamos ascendiendo, el Valde… ¿qué? ya sonaba más”.

Sin embargo, ese primer sueño terminó bruscamente: “En la 94-95 jugamos en Segunda Nacional con chavales de aquí, en un pabellón donde cabían cuatro gatos, pero al final de esa temporada no notificaron que no podíamos seguir”. ¿El culpable? La crisis económica de los años 90. “Si lo comparamos con lo que se gasta ahora, eran cifras irrisorias, pero en todos los municipios, directa o indirectamente, dependes del ayuntamiento. Entonces había una crisis importante en todas las administraciones locales y eso supuso el cerrojazo”.

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La fase final de Coslada en 2005. aquí llegó el ascenso a la Liga EBA

A pesar de la falta de presupuesto, de bajar todos los escalones posibles (de Segunda Nacional a Segunda Autonómica) y de la lógica marcha de los principales jugadores, los responsables del club decidieron mantener el equipo senior y empezar de cero. “Durante dos años fuimos el cuarto equipo de Madrid, solo por detrás de los ACB” “Pasamos de estar en la élite del baloncesto madrileño a jugar en los patios de los colegios a las nueve de la mañana. Seis o siete de nuestros jugadores se marcharon a otros equipos porque estaban muy cotizados. La gente venía a fichar a Valdemoro y eso nos hacía sentir orgullosos”.

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Un histórico, Antonio González, y un canterano con experiencia ACB, Paco Martín, se reunieron con el equipo en EBA.

A partir de 1995 comienza la segunda etapa del Villa de Valdemoro. Como la primera, mirando hacia arriba y sin el límite de lo imposible. “Ascenso tras ascenso, en patios de colegio, con gente aficionada, con los chavales que iban saliendo de la cantera y siempre con el orgullo de llevar esta camiseta…” Los sucesivos ascensos sirvieron de reclamo y las antiguas estrellas comenzaron a llegar al rescate. “Se formó un grupo con más años pero que siempre ha sido el bastión del baloncesto en Valdemoro, la gente del pueblo que fraguó todo esto”.

Durante una década, ese equipo protagonizó una escalada sin precedentes. “Hay clubs que, en un momento determinado, pueden tomar atajos: comprar una plaza o fichar a ocho jugadores superiores de golpe. A nosotros cada ascenso nos costaba dos años. El primero tocaba salvarse y el segundo volvíamos a subir”. Así, hasta el segundo gran hito en la historia del Villa de Valdemoro: el ascenso a la Liga EBA en la fase final de 2005, disputada en Coslada. Durante la estancia de tres temporadas en EBA se produjo el regreso del canterano Paco Martín, el jugador que, procedente de Valdemoro, ha llegado más lejos: seis temporadas en ACB (Murcia, Salamanca, Fuenlabrada y Fórum Valladolid), cinco en LEB, tres en Primera B… “Paco encabezó el proyecto de EBA y se retiró del baloncesto donde había empezado”.

Pero aún quedaba más. En 2008, un año después de que se inaugurara el pabellón Jesús España. el Valdemoro ascendió a LEB Bronce y se convirtió en el cuarto equipo de Madrid, solo tras los ACB: Real Madrid, Estudiantes y Fuenlabrada. “Seguíamos siendo un equipo de pueblo. A veces íbamos hasta con camisetas diferentes, pero el respeto era máximo. Nunca habíamos sido nada y de repente éramos la potencia del baloncesto madrileño ‘normal’, quitando a los grandes. Teníamos hasta un americano, pero manteníamos los valores de siempre. Y no solo era un fenómeno deportivo, también social. El pabellón siempre estaba lleno, era el punto de encuentro del pueblo, y la gente se marchaba de aquí impresionada. Durante dos temporadas fuimos el cuarto club de Madrid”.  Dos temporadas, porque la historia se volvió a repetir. Nueva crisis económica y nuevo mazazo al club, este mortal para el conjunto senior. En la campaña 2009-10, después de disputar los playoff de ascenso a LEB Plata, el primer equipo desaparece.

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Plantilla del Villa de Valdemoro en la Liga LEB Bronce. De pie: Adrián, Andrés Real, A. Williams, Roberto de la Mata y “Chusan” Domínguez. Agachados: Alberto Aspe, Carlos Arjonilla, Javi Simón, Rubén Gómez, Jorge Español y Gorka González. en Diciembre se incorporó Nacho Yañez. Cuerpo técnico: Carlos Barajas(entrenador), Pedro Fajardo(2º entrenador), Javier Fuente (Delegado) y Guillermo Ruíz(preparador físico).

Ya no hay equipo bandera, pero el boom social del baloncesto en Valdemoro, ese que surgió con los Juegos de Los Ángeles y llevó a su equipo hasta la élite nacional, se refleja en la escuela de baloncesto. 350 chicos y chicas (además, hay lista de espera), desde los 4 años de edad en adelante. Seis equipos federados y una cantera interminable por detrás. Con la actual situación económica, Carlos Barajas no quiere hacer planes de futuro. Hace bien. En Valdemoro todo es posible.

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Los más pequeños de la escuela aspiran a repetir los éxitos del club.
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